Hacía frío, viento y llovía. Como en cualquier otra noche de otoño en este pequeño pueblecito de Milano. Como dos niños pequeños nos reíamos en las escaleras de un cálido portal. De vez en cuando incluso esquivábamos nuestras propias miradas presos de la inocente vergüenza que nos daba. Ambos sabíamos lo que pasaba; pero no lo que iba a pasar. Al menos yo. Entre risas y pequeñas anécdotas llegó la hora de que te fueses a casa y con la mayor ilusión, me abrazaste para despedirte.
El beso que me diste en la mejilla lentamente se fue deslizando hacia mi temblorosa e intacta boca. Y entonces me hiciste sentir bien. Me hiciste sentir segura.
Me hichiste sentir viva. Esa sonrisa pícara que se nos marcó en el rostro nos delató.
Ya no había vuelta atrás. No íbamos a poder seguir disimulando que nosotros ya no éramos amigos. No simplemente amigos. Y lo decidimos los dos.
Ese día marcó un antes y un después en la historia; en nuestra historia.
Tú y yo estábamos juntos.
viernes, 9 de noviembre de 2012
martes, 6 de noviembre de 2012
Tú haces mis sentidos.
¿Sabes? Había vivido durante años con la idea de que yo no valía nada.
Que no valdría nunca nada para nadie. Ni siqueira para mí misma.
Y que jamás se cumplirían todos aquellos sueños que tenía de niña.
Todo porque una vez me hicieron daño. Todo porque una vez me destrozaron.
Pero sin esperarlo, ni quererlo ni imaginarlo, has aparecido en mi vida.
Y me has hecho volver a sentir.
Volver a sentir que yo valgo.
Volver a sentir que hay gente buena.
Volver a sentir mariposas en el estómago.
Volver a sentir esa ilusión de verte.
Volver a sentir esperanza ante la vida.
Volver a sentir que tengo sentimientos.
Volver a sentir que las cosas irán bien.
Volver a sentir que tengo sueños.
Volver a sentir que soy especial.
Volver a sentir que soy capaz de amar.
Gracias por volver a hacerme sentir algo.
Que no valdría nunca nada para nadie. Ni siqueira para mí misma.
Y que jamás se cumplirían todos aquellos sueños que tenía de niña.
Todo porque una vez me hicieron daño. Todo porque una vez me destrozaron.
Pero sin esperarlo, ni quererlo ni imaginarlo, has aparecido en mi vida.
Y me has hecho volver a sentir.
Volver a sentir que yo valgo.
Volver a sentir que hay gente buena.
Volver a sentir mariposas en el estómago.
Volver a sentir esa ilusión de verte.
Volver a sentir esperanza ante la vida.
Volver a sentir que tengo sentimientos.
Volver a sentir que las cosas irán bien.
Volver a sentir que tengo sueños.
Volver a sentir que soy especial.
Volver a sentir que soy capaz de amar.
Gracias por volver a hacerme sentir algo.
De repente.
Y de repente sucede. Vuestros caminos se cruzan de la manera más inesperada y vuestros pulsos se aceleran. La emoción comienza. La ilusión aumenta.
Los miradas danzan al compás de los latidos.
Y de repente sucede. El mayor gesto de inocencia se convierte
en el gesto más puro de amor.
Un simple abrazo te hace sentir como nada. Como nunca.
Unas miradas sinceras son la mayor prueba de confianza y seguridad.
Y esa leve inclinación da paso a ese pequeño gran momento.
Y de repente sucede. Te das cuenta de que te has enamorado.
miércoles, 31 de octubre de 2012
31.
Realmente, no sé cómo empezó esto. Yo no lo diseñé; no lo imaginé.
Ni siquiera me lo planteé.
Fue de las formas mas extrañas pero habituales que existen.
Lo típico de que alguien en clase mira a alguien; uno sonríe a otro y este otro devuelve la sonrisa a ese uno. Y poco a poco, las cosas parecen ir avanzando.
Sin pensarlo, sin quererlo... Sin esperarlo.
Habláis, os reís y tú crees que os gustáis. Que ese chico te complementa.
Y todo va bien. Tú te ilusionas, te forjas tus ideas después de tanto tiempo, de tantos años sin haber sido capaz de querer ni valorar a nadie.
Y ese queridos amigos creo que es el problema. Que todo vaya bien.
A mí nunca me saldrá nada bien.
Así que llega el día en el que al parecer, tú eres su amiga. Sólo su amiga.
No te ve, ni te vio, ni te verá como a nada más a pesar de todo.
Y a ti, pequeña, no te queda otra opción que sonreír y seguir.
Y cuando llegues a casa, si quieres, rompe a llorar.
Pero que mamá no lo sepa; ahórrate otra humillación.
Ni siquiera me lo planteé.
Fue de las formas mas extrañas pero habituales que existen.
Lo típico de que alguien en clase mira a alguien; uno sonríe a otro y este otro devuelve la sonrisa a ese uno. Y poco a poco, las cosas parecen ir avanzando.
Sin pensarlo, sin quererlo... Sin esperarlo.
Habláis, os reís y tú crees que os gustáis. Que ese chico te complementa.
Y todo va bien. Tú te ilusionas, te forjas tus ideas después de tanto tiempo, de tantos años sin haber sido capaz de querer ni valorar a nadie.
Y ese queridos amigos creo que es el problema. Que todo vaya bien.
A mí nunca me saldrá nada bien.
Así que llega el día en el que al parecer, tú eres su amiga. Sólo su amiga.
No te ve, ni te vio, ni te verá como a nada más a pesar de todo.
Y a ti, pequeña, no te queda otra opción que sonreír y seguir.
Y cuando llegues a casa, si quieres, rompe a llorar.
Pero que mamá no lo sepa; ahórrate otra humillación.
G.
Esto es absurdo. Absolutamente absurdo... Puede que yo sea absurda.
¿¡En qué hora se me ocurriría volver a confiar en Cupido?! ¡En mí misma!
Siempre me lo he repetido muchas veces:
''Iseo, tú no tienes nada que ofrecerle al mundo. Tú no eres nadie.
No te fijes en nadie porque nadie se fijará en ti.''
Y las cosas iban bien. Yo no quería a nadie y nadie me quería a mi porque para empezar yo no dejaba que nadie me quisiese. Era fría, distante y quizás incluso un poco insensible.
Nadie nunca me iba a poder querer como yo era capaz de querer; así que para eso, para que me hiciesen daño, prefería no amar.
Era una forma muy práctica de que no me hiciesen daño. Me río hasta de mí misma.
¿Pero cómo he podido ser tan ingenua de pensar que le gustaba?... Yo.
Supongo que no me puedo enfadar con él, era lógico que yo no le gustase.
La culpa, a pesar de todo, es mia por hacerme ilusiones.
Mamá suele decir: ''No adelantes acontecimientos; ni buenos ni malos''.
Pero qué sabrá ella si sabe que soy la hija perfecta.
Quizás él merezca algo mejor.
A una chica más guapa, más lista, más divertida...
Él y todos.
A lo mejor yo no estoy creada para que alguien me ame.
Probablemente lo mejor sea estar sola.
¿¡En qué hora se me ocurriría volver a confiar en Cupido?! ¡En mí misma!
Siempre me lo he repetido muchas veces:
''Iseo, tú no tienes nada que ofrecerle al mundo. Tú no eres nadie.
No te fijes en nadie porque nadie se fijará en ti.''
Y las cosas iban bien. Yo no quería a nadie y nadie me quería a mi porque para empezar yo no dejaba que nadie me quisiese. Era fría, distante y quizás incluso un poco insensible.
Nadie nunca me iba a poder querer como yo era capaz de querer; así que para eso, para que me hiciesen daño, prefería no amar.
Era una forma muy práctica de que no me hiciesen daño. Me río hasta de mí misma.
¿Pero cómo he podido ser tan ingenua de pensar que le gustaba?... Yo.
Supongo que no me puedo enfadar con él, era lógico que yo no le gustase.
La culpa, a pesar de todo, es mia por hacerme ilusiones.
Mamá suele decir: ''No adelantes acontecimientos; ni buenos ni malos''.
Pero qué sabrá ella si sabe que soy la hija perfecta.
Quizás él merezca algo mejor.
A una chica más guapa, más lista, más divertida...
Él y todos.
A lo mejor yo no estoy creada para que alguien me ame.
Probablemente lo mejor sea estar sola.
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